El Salón del Automóvil de Ginebra y la seguridad vial

Estos días se celebra en Suiza el Salón del Automóvil de Ginebra, uno de los grandes acontecimientos europeos del mundo del Motor que se realiza cada año, donde los fabricantes se dan cita con los medios de comunicación y los aficionados a los coches para mostrarles sus avances tecnológicos y sus apuestas de futuro.

En estos tiempos difíciles que nos rodean, Ginebra recoge cada vez más muestras de pragmatismo, plasmadas en una eficiencia energética y unos sistemas de seguridad que hace unos años nos habrían llevado a frotarnos los ojos. Lo que ayer era ciencia-ficción hoy está más que probado, y en unos años se verá en los coches de la calle.

Ejemplos de esto hay a mansalva. En el primer aspecto, tenemos vehículos con unos consumos de carburante cada vez más reducidos conviviendo ya con la creciente oferta de eléctricos que están llamando a la puerta, recordándonos que si bien quedan muchos años de petróleo, el coste de extraer el oro negro hará inviable que mantengamos sus derivados como fuentes de energía para la automoción.

En el segundo aspecto, las posibilidades se multiplican a la velocidad a que los ingenieros son capaces de encontrar soluciones prácticas para la vida cotidiana. Hablo a menudo de la seguridad activa de los vehículos como “la seguridad de lo cotidiano”, esa que utilizamos a cada momento y sin ser plenamente conscientes de lo que representa.

Ahora que los sistemas de seguridad pasiva, los que reducen los daños derivados de una colisión, están alcanzando cotas máximas, y cuando ya comienzan a endurecerse los criterios de evaluación de los vehículos en materia de protección a los peatones, con la incorporación de los primeros airbags diseñados para ellos, el aluvión de avances nos viene por la parte evitacional, la más importante de todas. El siniestro menos grave es aquel que nunca sucedió.

Son sistemas a los que le hemos dedicado un rato de vez en cuando en Circula Seguro. Entre tanto artículo dedicado al comportamiento del conductor, de vez en cuando recogemos cómo están programados los coches de hoy en día para que su comportamiento nos ayude a evitar la colisión. Seguridad activa en estado puro.

Es en este campo donde la tecnología del automóvil están dándonos cada vez mayores sorpresas que, en el fondo, no lo son tanto. No, porque una vez que uno comprende que los coches de hoy sonordenadores sobre ruedas pasa a dar por hecho, entre otras muchas cosas, que cualquier avance electrónico es posible si se programa con buen tino.

Tecnología sobre ruedas, sí. Y junto a la cacharrería que hace las delicias de cualquier aficionado a la electrónica de consumo, una vez satisfechas sus necesidades de conectividad con el móvil (hoy hablaba yo en Motorpasión de un coche, el Volvo V40, que te llama al móvil si está siendo objeto de robo), los sistemas de seguridad activa se valen de todo el potencial tecnológico para salvar vidas.

Coches que detectan obstáculos, prefrenan, frenan y avisan a los demás de la maniobra; coches que afinan cada vez más los controles de estabilidad y de tracción, tracciones diferenciadas para cada rueda en función de múltiples parámetros; ajustes precisos de la suspensión; monitorización de la calzada en busca de señalización vertical y de marcas viales; avisos tras la detección de fatiga en el conductor; sistemas de alumbrado selectivo cada vez más sofisticados; detección de vehículos en el ángulo muerto. Todo esto está ya en la calle, forma parte de nuestro presente, no del futuro.

En el futuro, los coches se comunicarán entre sí y con las infraestructuras para facilitar la movilidad de todos. Las pruebas se están realizando en múltiples frentes abiertos a la vez por las diferentes marcas. No es un sueño, es una realidad que todavía se está ajustando. Ese es el futuro, y quizá algún día lo veamos.

De vez en cuando resulta interesante tener todo esto en cuenta. Porque los conductores hemos mejorado mucho, las carreteras han mejorado algo, pero sin duda los vehículos nos han pasado la mano por la cara a los demás varias veces en los últimos años. Mejor dicho, los coches, no: sus fabricantes. Que las máquinas, por sí solas, no saben hacer nada. Y menos, salvar vidas.

Fuente: circulaseguro.com

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